jueves, 22 de abril de 2010

Naranja.

Acababa de regresar de la cocina, hambrienta había ido por algo de comida. Miré el frutero, apenas dos manzanas arenosas, un par de melocotones, y una sola naranja, que por su raro color y aspecto resaltaba dentro de todos aquellos frutos. La cogí, la corte en dos. La gloria pensaba yo. Esa naranja había sido la naranja más sabrosa que jamás había probado en mi vida. Era especial, ahora. Una naranja tan jugosa, tan deliciosamente dulce al paladar y tan fresca para como está el tiempo hoy, tan jodidamente caluroso y bochornoso, a pesar de ser invierno ya. Las cosas no son como deberían ser, a veces pensaba. El clima esta loco. Las comisuras de mis labios casi hablaban, cantaban. Por qué no podía dejar de sonreír? Pues claro por lo sabrosísima y especial que había sido aquella naranja(que ahora se encontraba en algún recóndito lugar de mi estómago), pero había algo más, el corazón me galopeaba, ya lo veía venir..... Algo mucho más dulce, delicioso y embriagante al mismo tiempo. Él. Horas previas, me había despedido a pocas cuadras de mi casa. Habíamos pasado la tarde juntos, en aquel parque con forma de pera, llamado “La pera”; mirándonos, besándonos, admirándonos el uno al otro. Te amo, me susurró cuando nuestras lenguas se saludaban una y otra vez, con movimientos voluntariosos, deseosos, cargados de chispa, pasión y amor; cuando nuestros suspiros se mezclaban con la neblina que casi flotaba alrededor nuestro. Yo también- le respondí. Y continuamos con nuestra larga sesión de entrega bucal, me gustaba jugar con su boca, mordisquear sus gruesos y apetitosos labios, pasar y repasar, posar y reposar, saborear y degustar, cada centímetro de piel de aquella cavidad gloriosa. Todo había resultado tan espontáneo, tan mágico a decir, verdad. Era fácil poder sentirme yo con él, fácil poder sonreír con él, fácil amarlo con el solo hecho de que aquella mirada suya, me abstrajera de la realidad, casi volando en un espacio cideral. Un espacio desconocido antes, pero del que ahora me lo sé al revés y al derecho también. Porque él es mio, y yo soy suya. Porque la pera es testigo del amor que dejamos impregnado en su verde pasto, porque su boca me conoce, y la mia a él. Porque comprendemos la electricidad. Porque sí.

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Inspìrate fucker.